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Nuestro colegio lleva el nombre de un joven santo Pasionista: Gabriel de la Dolorosa.

Su vida no tiene nada de “especial”, si por especial entendemos grandes obras, de las que pasan a la historia de los hombres. Su especial característica estuvo en querer vivir su vocación cristiana con radicalidad.

Nacido en Asís (Italia) en 1838, su nombre de pila era Francisco Possenti, como su famoso paisano, nombre que cambiaría por el de Gabriel de la Dolorosa cuando entró a formar parte de los pasionistas. Pertenecía a una familia acomodada a nivel económico y social dado que su padre era gobernador de los Estados Pontificios, y a la vez de gran vivencia cristiana.

Huérfano de madre desde los cuatro años, Francisco vivió sus años de infancia y juventud en la ciudad de Espoleto junto a su familia. Su carácter jovial y divertido le ayudaron a estar siempre rodeado de amigos. Amante de la caza, de los deportes, y de las fiestas, no en vano le llamaban el bailarín, Francisco siempre disfrutó de todas las oportunidades y facilidades en su vida.

Sin embargo, en su vida se sucedieron una serie de acontecimientos, como la muerte de su madre y de cuatro de sus doce hermanos, la enfermedad que por dos veces le hizo replantearse su futuro y un accidente de caza que estuvo a punto de costarle la vida le marcaron de tal manera que decidió dar un giro radical a su vida y plantearse hacerse religioso pasionista. Esta decisión que tomó a sus 18 años estuvo finalmente impulsada por un hecho que fue decisivo para Francisco: la mirada y las palabras de la Virgen que sintió resonar en su interior al pasar delante de él la imagen de la Virgen en la fiesta de la Asunción: “¿Qué haces, Francisco? Tu no has sido creado para el ruido del mundo. ¡Sigue tu vocación!”

Con esas palabras que sintió dentro de sí, y después de convencer a su padre de su determinación de hacerse pasionista, Francisco ingresó en el noviciado pasionista de Morrovalle (Macerata), el 10 de septiembre de 1856. Será allí cuando Francisco cambia su nombre por el de Gabriel de la Dolorosa, debido a su gran devoción y cariño por la Virgen María, “su madre”, como la solía llamar él.

El resto de su corta vida, fue para Gabriel tiempo suficiente para alcanzar ese grado de perfección y compromiso con su decisión de ser santo, pues murió en Issola del Gran Sasso, el 27 de febrero de 1862, a los 24 años de edad.

Canonizado en 1920, Gabriel de la Dolorosa, San Gabriel, para los más cercanos ha sido desde entonces modelo y testimonio de que también los jóvenes pueden aspirar y llegar muy lejos con su entrega y su capacidad de “ser santos”.